Mahani Teave es una de las pianistas chilenas de mayor reconocimiento internacional. Nacida en Rapa Nui, inició tempranamente sus estudios musicales y continuó su formación en Valdivia junto a la destacada maestra Ximena Cabello, para luego perfeccionarse en Estados Unidos y Europa. Paralelamente a su carrera como concertista, ha dedicado gran parte de su vida a impulsar el acceso a la educación artística en la isla, siendo fundadora y directora de la Escuela de Música y Artes de Rapa Nui (Escuela Toki), proyecto que entrega formación gratuita a niños y jóvenes y que se ha convertido en un referente por su impacto educativo y social.
Armando Riquelme, en tanto, desarrolló buena parte de su carrera en Valdivia, ciudad donde integró diversas orquestas y consolidó su identidad como violinista. Posteriormente continuó su perfeccionamiento en Suiza, donde recientemente finalizó una maestría y ha desarrollado una activa carrera como intérprete y gestor cultural. Actualmente proyecta su trabajo entre Chile y Europa, convencido de que las artes vivas siguen siendo fundamentales para fortalecer el vínculo entre las personas.
En conversación con el Teatro Regional Cervantes, ambos artistas compartieron sus reflexiones sobre esta gira, su relación con Valdivia, la educación musical y los desafíos que enfrentan hoy desde sus respectivos caminos.
Mahani Teave
«La música es una de las herramientas más poderosas para transformar una sociedad»
Pianista de reconocimiento internacional y directora de la Escuela de Música y Artes de Rapa Nui, Mahani Teave ha construido una carrera que combina la interpretación con un profundo compromiso por acercar la música a las nuevas generaciones. Su regreso a Valdivia fue también un reencuentro con la ciudad donde se formó y con personas que marcaron su vida.
¿Cómo nace este diálogo entre el piano y el violín con Armando Riquelme?
Este concierto y la gira junto a Armando nacen gracias a nuestra amiga en común, Yolita Andrade, en Valdivia. A partir de sus conversaciones con Armando, quien actualmente reside en Suiza, surgió la hermosa idea de formar este dúo y compartir nuestra música en distintos lugares de Chile.
La gira culmina en Valdivia, una ciudad muy importante para ambos, que sentimos como un segundo hogar por todo lo que ha representado en nuestras vidas.
¿Cómo calificarías esta serie de conciertos en los que se han presentado?
Ha sido una experiencia muy significativa y especialmente emotiva culminar este recorrido en Valdivia. La gira nos permitió presentarnos en distintos escenarios y contextos. Comenzamos en la sede de El Mercurio, donde se están impulsando ciclos de conciertos; luego seguimos a Linares, participando en una gala benéfica en apoyo a la Orquesta Estudiantil de la Escuela de Música de Linares, que está reuniendo recursos para representar a Chile en un festival de orquestas en Viena.
Después continuamos en Curicó, en el marco de la celebración de los 100 años de los rotarios, y finalmente cerramos este recorrido en Valdivia, rodeados de nuestros queridos amigos valdivianos.
¿Qué recuerdos tienes de Valdivia y qué importancia le atribuyes en tu desarrollo profesional y personal?
Para mí, Valdivia es un lugar fundamental en mi formación. Llegué siendo niña para desarrollarme como pianista en el Conservatorio de Música junto a Ximena Cabello.
Bajo su guía no solo me formé musicalmente, sino que también me acompañó e inspiró para mantener intacta mi esencia rapanui y, al mismo tiempo, fortalecer mis vínculos con esta hermosa ciudad.
Hoy vivo con mucha alegría un círculo que se cierra: uno de mis alumnos de la isla estudia actualmente en el Conservatorio de Música de la Universidad Austral de Chile. Es un pianista fantástico y para mí es muy emocionante tener en una ciudad tan importante a dos personas tan queridas: mi profesora y mi alumno.
¿Qué planes a futuro tienes?
Actualmente, gran parte de mi energía está puesta en la dirección de la Escuela de Música y Artes de Rapa Nui. Allí enseño, dirijo el área académica y trabajo permanentemente para asegurar la sostenibilidad económica de la escuela, un desafío constante porque no contamos con un financiamiento permanente. Funcionamos gracias al apoyo anual de distintas instituciones, como la Municipalidad y el programa PAOCC, además de los proyectos a los que postulamos.
Nuestra misión es entregar oportunidades musicales a todos los niños que lo desean, brindar apoyo desde lo social y ofrecer un espacio gratuito para quienes no pueden costear sus estudios, lo que implica un enorme compromiso humano y financiero.
En lo artístico, quiero seguir desarrollando repertorio y explorando distintas posibilidades musicales, especialmente en el formato camerístico, que es el espacio donde más disfruto.
En lo personal, estoy dedicada a entregar la mejor crianza posible a mi hija, acompañando su crecimiento con tiempo, dedicación y amor.
Has impulsado proyectos educativos en la isla. ¿Qué es más urgente hoy: formar músicos o formar comunidad a través de la música?
Siento que ambos procesos van profundamente unidos. Al formar músicos, inevitablemente también se comienza a formar comunidad. Los jóvenes se vinculan a través de un lenguaje que va más allá de las palabras, generando lazos profundos y duraderos.
La formación musical pone un fuerte énfasis en valores como la perseverancia, la tolerancia a la frustración y el respeto por los demás, contribuyendo a construir comunidades más sanas.
También considero fundamental la integración de las familias en estos procesos. Ellas son testigos del crecimiento de sus hijos y eso fortalece tanto los vínculos familiares como los lazos entre las propias familias.
Creo que la música es una de las herramientas más poderosas para el desarrollo y la transformación de una sociedad.
Aprovecho también de invitar a quienes quieran ser parte de esta labor a sumarse como amigos colaboradores de la Escuela Toki, para que entre todos podamos sostener y proyectar esta iniciativa que está transformando la vida de tantos niños.
¿Cómo describirías tu relación con el piano hoy, después de tantos años?
Aunque estos días mi vida gira principalmente en torno a los desafíos de nuestra escuela de música, el piano sigue siendo una parte esencial de mi vida. Es mi forma de expresarme y de conectar con las emociones más profundas.
¿Hay algún compositor o alguna obra que sientas especialmente cercana en este momento?
Hay música que siempre me conmueve profundamente. Chopin y Bach han sido compañeros permanentes en mi camino, y en este momento también siento un renovado deseo de volver a interpretar a Beethoven. Son compositores que, en distintas etapas de mi vida, han dialogado conmigo de maneras muy especiales.
Armando Riquelme
«Las artes vivas son la trinchera desde la que quiero aportar»
Tras perfeccionarse en Suiza y desarrollar una carrera internacional, Armando Riquelme prepara su regreso a Chile sin perder el vínculo con Europa. Formado musicalmente en Valdivia, el violinista reconoce a la ciudad como el lugar donde echó raíces y donde aprendió buena parte de lo que hoy define su manera de entender la música.
Estás actualmente en Europa perfeccionándote. ¿Qué diferencias has encontrado en la formación musical respecto a Chile?
Sigo viviendo en Suiza, aunque ya terminé mi maestría en junio del año pasado. Aun así, cada día aquí continúa siendo tremendamente estimulante para mi proceso artístico. Gran parte de lo que hoy conocemos como música clásica es fruto del desarrollo cultural europeo de los últimos siglos. Por eso, vivir en primera persona la riqueza cultural de este continente, sus idiomas, sus tradiciones y, en general, todo su patrimonio, ha expandido enormemente mi imaginario e identidad como músico latinoamericano.
En mi experiencia, la principal diferencia con mi formación en Chile ha sido el acceso y la exposición cotidiana a ese contexto.
Después de más de una década en Valdivia, ¿cómo influyó esa etapa en tu identidad como violinista?
No creo que pueda mirar a Valdivia como una etapa. En estos casi cuatro años explorando Europa, siempre he regresado al hogar que construí en esta ciudad, al menos dos veces al año. Valdivia me hizo sentir enraizado desde nuestro primer encuentro, y aquí viví aprendizajes fundamentales tanto en el violín como en lo personal.
Lo que sí quedó atrás fueron los años en los que fui integrante de sus orquestas, algo que recuerdo como una gran escuela que forjó mi carácter y a la que le agradezco muchísimo, tanto por eso como por los innumerables momentos de buena música.
Has sido solista y también director artístico. ¿Qué te ha enseñado estar en ambos lados de la música?
Tanto desde la vereda de intérprete como desde la de gestor cultural, creo que he aprendido la importancia de poner en práctica lo que la música misma nos enseña: saber escuchar, ser metódicos, prepararnos como corresponde antes de salir al escenario, preguntarnos siempre cómo esto o aquello podría sonar mejor y, finalmente, tener conciencia de que no somos ni más ni menos que un instrumento al servicio de los demás.
¿Qué buscas hoy en tu interpretación que quizás no buscabas cuando eras más joven?
Busco un nivel de coherencia mucho más integral entre mi instinto musical y el contexto y estilo de las obras musicales que trabajo. Me hago muchas más preguntas antes de comenzar a ensayar, paso mucho más tiempo con las partituras, en silencio, y aunque suene paradójico, paso mucho menos tiempo con el violín. He aprendido que a veces es mucho más importante practicar con la mente y la imaginación que con las manos y los dedos sobre mi instrumento.
Mirando hacia adelante, ¿te proyectas regresando a Chile o desarrollando tu carrera en el extranjero?
Ambas. Justamente en julio me instalaré en Santiago como centro operativo, para poder estar más cerca de mi familia, y desde ahí y desde Valdivia continuar imaginando maneras de contribuir al quehacer musical tanto en Chile como en el mundo.
Ya tengo varios compromisos para lo que queda de año en nuestro país y Europa, quizás Asia una vez más, y eso me tiene muy entusiasmado.
En estos curiosos tiempos en que pareciera que las inteligencias artificiales se nos vienen encima, el objetivo de llenar todos los espacios posibles con artes vivas me resulta una misión tan relevante como emocionante. Desde nuestro país, esa es la trinchera en la que quiero estar.






